Una crisis
podría comenzar en la Hermandad ahora que Natasha tenía tanto poder. La muerte
de Wong y la toma de posiciones sobre su territorio por parte de la mujer deberían
ser aceptadas sí o sí, ya que ella había exhibido pruebas de las amenazas
recibidas por Wong para que le entregase su territorio. Por primera vez una
mujer tenía tanto poder y, sobre todo, podría decidir sobre otros miembros
dentro de la organización.
Los
sacerdotes buscaban cómo impedirlo. Leían los antiguos acuerdos, las bases con
las que la Hermandad se formó, para evitar que ella dominara la orden. Sin
embargo, no encontraban nada con qué rebatir ese golpe que había recibido.
Natasha Rotzkin, de ahora en más, sería la mayor accionista y debería ser
tratada casi como una reina por todos, incluyendo a las más altas autoridades
de la Iglesia, que deberían casi rendirle cuentas de todas sus actividades.
Nunca un miembro de la Hermandad había logrado ese status.
Borrelli no
sabía cómo informar la situación al Santo Padre. No podía ocultarlo mucho
tiempo y sabía que corría riesgos ya que ahora Natasha podría revelar que había
sufrido sabotajes de su parte para obligarla a salir de la Hermandad. Ella
tenía en su poder información valiosísima sobre las actividades no declaradas
del sacerdote, sobre todo sus intervenciones para obtener un territorio para sí
mismo, cosa que tenía vedada por su posición.
Ellos, los
sacerdotes, dirigían todas las operaciones desde las sombras, sin exponerse, ya
que para eso estaban los jefes, que hasta ese entonces, tenían sus territorios
divididos. Cuando uno de los jefes
moría, habitualmente el puesto lo
mantenía el hijo mayor del miembro de la Hermandad. En sus orígenes, no se
permitía que uno de los miembros se apoderase del territorio de otro, era una
forma que había descubierto la Iglesia para mantener bajo control a los jefes.
Sin embargo, con el tiempo, esa premisa fue dejada de lado, reescrita y
aceptada, ya que algunos jefes no dejaban herederos que los sucedieran y se
hacía dificultoso encontrar a alguien que ocupase el lugar vacío con inteligencia
y discreción.
De esa
forma, los territorios cambiaban de manos a medida que los miembros de la
Hermandad se traicionaban o debían pagar cuentas entre ellos. Sin embargo,
jamás se habían encontrado con la situación actual, que modificaba todas las
estructuras de la organización y ponía a la cabeza de la misma a una mujer, con
la que ninguno estaba dispuesto a confrontar. Habían descubierto que Natasha
Rotzkin podría ser muy peligrosa, que estaba bien protegida y que no dudaría en
sacarse de encima a los clérigos, si hiciera falta.
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