“Te juro que
no sé ni por dónde empezar. Hice tantas cosas, todas malas. Vos no te imaginás
nada. O tal vez sí y por eso nunca me permitiste volver. O quizás, si yo
hubiera tenido coraje, si me hubiera atrevido a romper la pared que pusiste
cuando Clide descubrió la verdad, si yo hubiera tenido pelotas para dejar todo
atrás y atreverme a ser feliz con vos, las cosas hubieran sido distintas.
Cuando
te conocí me despertaste algo que no había sentido nunca. Hoy te confieso que
esperaba tu llegada con la misma ansiedad de un adolescente, que te sentía tan fría, tan lejana y no tenía
idea por dónde abordarte. No sabía nada de vos y reconozco que por mi puta
costumbre de creerme más que los demás, también te traté mal y sólo puse más
distancia entre nosotros.
Me
había separado de Clide, en eso nunca te mentí y escuché cuando hablabas con
alguien para ir a una fiesta. Vos estabas en la vereda, no te diste cuenta y me
enteré del lugar y del día. Para mí fue como tocar el cielo con las manos y
abrir una puerta al paraíso. Era mi oportunidad para acercarme a vos. Mi único
miedo era que estuvieras con otro hombre y, ahí sí, no sé qué hubiera hecho.
Te
encontré y no quise soltarte más. Pero tuve miedo. De vos, de mí mismo, de mis
hijas, mi familia, todo lo que me rodeaba era algo que yo no quería que te
manche. Te sentía luminosa, clara, fuerte. Amarte fue la mayor fortuna que pude
tener en mi vida y me di cuenta demasiado tarde.
No
supe manejar tu independencia. No estaba acostumbrado a una mujer como vos, libre, dueña de sí misma,
capaz de tomar decisiones sin consultarle a nadie. Me dabas miedo. Miedo a que
un día te cansaras de mí y me descartes, como yo estaba dispuesto a descartar
el mundo que me rodeaba. Como descarté a tantas mujeres con las que estuve
durante mi matrimonio antes de estar con vos. Nunca vas a darte una idea de lo
vulnerable que me sentía, de las ganas de llevarte muy lejos, a otro lugar en
donde nadie supiera quiénes éramos, empezar de nuevo con todo, tener otra vida
y olvidarme de todo. Pero, te dije, me faltó coraje.
Mi
familia era mi responsabilidad. Asumí hacerme cargo y por primera vez en mi
vida, sentí culpa de serle infiel a Clide, no por el sentimiento que alguna vez
le tuve, sino por la culpa que me embargaba de pensar que podría dejarla
abandonada. A ella y a las chicas.
Quiero
decirte todo, y no tengo palabras para explicarte por qué, cómo fue que
sucedieron las cosas. Me perdió el orgullo, la soberbia, me enceguecí y me dejé
llevar por las narices como un estúpido. No vi lo que pasaba adentro de mi
propia casa. Me engañaron. Me manipularon, me dieron vuelta todo para que yo
hiciera lo que otros me ordenaban sutilmente.
Yo
mandé matar a Fabio. Sí, yo levanté el teléfono y di la orden de asesinarlo. No
me siento orgulloso de eso. Me habían dicho que Fabio había abusado de una de
mis hijas. Hubiera querido matarlo con mis propias manos. Pero me convencieron
de que no valía la pena ensuciarme por una basura como era él. Que mejor era
aprovechar a gente que ya estaba hundida y un crimen más no les movía un pelo.
Entedeme, estaba enojado, ciego, furioso. Imagino tu cara leyendo esto. Adivino
tus pensamientos y casi creo estar escuchando tus palabras. Supongo que si te
hubiera dicho esto en persona habrías salido corriendo horrorizada, pensando
con qué clase monstruo estuviste dos años.
Y
seguramente te vas a sentir más enojada, porque vos me ayudaste mucho, sobre
todo cuando Kevin se fugó y tiempo después apareció muerto y me vas a odiar
cuando te diga que yo sabía que se iba a ir de la cárcel, que lo iban a liberar
y que también soy responsable de su muerte. Había amenazado a mi tío con contar
que él y yo habíamos sido los autores ideológicos, los que pagamos la
liberación de la zona para que él pudiera matar a Fabio. El padre de Kevin
trabajaba con mi tío y tuvo miedo. Se le hizo una emboscada, yo le pegué los
balazos en las rodillas. Para asegurarnos de que no hable, lo pasamos por
arriba con un auto viejo, que ya estaba fuera del sistema y que nadie iba a
reclamar. Si, también maté a Kevin.
Pero
hay más. No sé si seguiste leyendo. Te imagino rompiendo esto en mil pedazos,
puteándome como sólo vos podías hacerlo. Porque nadie, en toda mi vida, cuando
me puteaba me decía exactamente las palabras más duras, más crueles, pero
llenas de tu verdad y tu amor. Fuiste la única persona a la que le permití
decirme todas las verdades sin mandarla a la mierda. Y siempre terminaste
teniendo razón. Aun cuando ya no estuviera con vos. Hubo muchas veces que me
detenía cinco minutos y me preguntaba qué hubieras dicho. Y te escuchaba, en mi
cabeza, en mi alma. Con esa furia tan tuya, tan certera. ¡Por qué nunca te hice
caso! ¡Por qué me costó tanto aceptar que era yo el equivocado! ¿Habría podido
cambiar algo? ¿Mi destino habría sido otro?
No
sé si rompiste todo y quemaste esta carta o aún lees. Pero yo hoy necesito
contarte todo, que vos lo sepas, que seas mi testigo, que sepas que me
arrepentí. Tarde, lo sé, pero me arrepiento de todo lo que hice, que hoy me
enteré de que fui un idiota toda mi vida, que me creí ser mejor y más que
todos, y solo fui un estúpido al servicio de los caprichos de un tipo que me
cagó la vida. No, él no me la cagó. Me la cague solito. Eso me hubieras dicho.
Todas fueron, a la larga, mis decisiones, ¿verdad? Porque la última vez me
marcaste que un montón de cosas eran responsabilidad o culpa mía, por las
decisiones que tomaba o dejaba de tomar, y que culpando a los demás de lo que
me pasaba era no hacerme cargo de lo que yo hacía. Y debo decir que tenías
razón. Una vez más.
Mi
ambición hizo que me asociara a mi tío. Si, ese tío que a vos siempre te hacía
levantar tu ceja derecha cuando te contaba que viajábamos juntos a la capital o
me iba con él a cazar. Ese que cuando te hablaba, ponías cara de que no te
cerraba algo en nuestra relación. Nunca lo dijiste y nunca te lo dije, pero me
daba cuenta de que había algo de él que no te gustaba. O que tenías dudas de
algo que vos desconocías. Si, Roberto es un garca hijo de mil putas que abusó
de mi hija, no fue Fabio. Roberto me llenó la cabeza para mandar a matar a mi
propio hermano, diciendo que lo había visto toqueteando a la más chica, lo que
era mentira. Lo hizo para cubrirse él.
Me invitó a cazar un día y mientras comíamos
algo, empezó a hablar como si no fuera nada importante. Ahí comencé a
participar del tráfico de drogas. Compraba las que traían del norte en el
mercado, las llevaba mezcladas entre los cajones de verduras, las tenía
guardadas en el negocio hasta que él me avisaba que las llevara a la planta
pesquera. Ahí las procesaban junto con el pescado, congelando todo y la
mandaban a Europa en barco. Sí, me beneficié y mucho, tuve que tener cuidado,
pero había logrado lo que tanto quería, tener plata. Comprar todo lo que mis
hijas me pedían era la única forma que tenía de sentirlas cerca y de que me
quisieran. Lo sé, alguna vez me lo dijiste, yo las eduqué para que me
consideraran un cajero automático. También ahí tuviste razón.
Pero
hay algo más, algo que nadie sabe. Un secreto que guardé hasta hoy y me
envenenó mucho. Se trata de algo que me enfrentó a una de mis hijas, porque
tuve que mentir. Pero no me resultaba difícil mentir. Y si me preguntás, hoy
mismo me sorprendo de la sangre fría que tuve para hacer todo esto. Que, para
mí, fue peor que todo lo demás.
Yo
maté a Clide. En realidad fue un accidente, ella escuchó cuando yo hablaba
con mi tío sobre la muerte de Fabio y
supo que tuve que ver con la orden. Corrió al cuarto, discutimos, le pegué un
cachetazo y cayó al suelo, golpeándose la cabeza con un mueble. Yo no me había
dado cuenta, seguía hablando enceguecido, diciendo barbaridades, ella estaba
ahí, en el suelo, quieta. Entonces quise moverla y me di cuenta de que estaba
muerta. No pensé en todo lo que hice, solo lo hice. Esperé a que cayera la
noche, me fui hasta una ruta, lejos, me puse bolsas en los pies para no dejar
marcas y tiré el cuerpo al lado de un coche que había abandonado ahí. Tiré
combustible y quemé todo. El auto y el
cuerpo de Clide. Esperé hasta que quedara irreconocible. No pasó nadie en mucho
rato y pude controlar que no quedara ni una sola huella. A las chicas les dije
que se había ido a una misión con una congregación evangélica, sin teléfono ni
nada. Era algo que ella siempre decía que iba a hacer. Me aproveché de eso. No
podían sospechar porque en ese momento estábamos más o menos bien.
Bueno…en
realidad fingía estar bien, porque no tenía sentido separarme. Ella algo había
descubierto, me había perdonado y ya no podía estar más con vos. ¿Perder la
mitad de todos mis bienes para quedarme sin vos? No, preferí mentir otra vez,
tratar de unir a mi familia, hacer lo que tantas veces me dijiste ya que tener
una vida juntos no formaba parte de nuestras opciones.
Te
ensucié. Te culpé a vos de todo. Mentí, fui cobarde, dije que vos me buscabas,
que no me dejabas en paz, pero que entre nosotros no pasaba nada, que eras una
loca que se había obsesionado conmigo, que habías confundido mi agradecimiento
por tu ayuda con otra cosa, Hice eso que tantas veces me marcaste, culpar
a otros de mis decisiones. Pero ya sabía que te había perdido y Clide, mal que
me pese, era mi puerto seguro, ella dependía de mí, jamás trabajó y todo lo que
tenía era porque yo se lo daba. Iba a aceptar cualquier cosa que le dijera sin
cuestionarme. Y le prohibí terminantemente que intentara comunicarse con vos.
Le dije que por despecho ibas a inventarle cualquier cosa, para hacer flaquear
nuestro matrimonio. Le dije que eras capaz de todo por tal de lastimarla. Y
ella me creyó. O al menos tuvo el miedo suficiente como para no buscarte. O no
le interesaba saber la verdad.
Te
preguntarás por qué hoy, después de tanto tiempo, escribo esto y te cuento todo
a vos. Supe toda la verdad sobre mi tío, que él era quien abusaba de Juliana,
que me enredó para librarse de todo y después se desató el resto. Y te lo
cuento a vos porque creo que sos la única persona con quien he sido yo
realmente en toda mi vida. Porque te lo debo. Y porque mañana ya no voy a estar
en este mundo para hacerle mal a nadie. Cuando termines de leer esto,
seguramente ya vas a estar enterada de mi muerte. Es la única forma decente que
encuentro de pedir perdón, de redimirme, de liberarme del infierno que tengo en
mi mente y ya no soporto más.
No
pretendo que me tengas lástima, sé que no te permitís ese sentimiento hacia
alguien como yo. Pero no puedo mirar a mis hijas a los ojos, no sé de qué forma
seguir mintiendo, mi tío se fue a Italia cuando el gobierno desmanteló a un
grupo de narcos que blanqueaban el dinero a través de vehículos y me dejó solo.
Hace unos días estuvieron allanando en el mercado y decidí no ir al negocio,
porque creo que en cualquier momento voy a caer. Y no tengo ni coraje, ni
pelotas para enfrentar un proceso judicial, menos soportar la humillación
de ir a la cárcel. ¡Se me van a reír
todos los que humillé, por Dios!
Prefiero
matarme antes de que todo se sepa, al menos a mis hijas les va a quedar la
imagen de un padre que hizo lo que pudo por ellas, para que tuvieran lo que yo
no tuve, en un intento de demostrarles mi amor. Sé que vas a decir que no fui
un buen padre, que sólo les proporcioné cosas materiales y no mi tiempo, pero
ya está hecho. Ya está decidido. Después de cerrar este sobre, voy a tomar mi
carabina, me voy a ir hasta uno de los campos en donde cazábamos y me voy a
pegar un tiro en la cabeza. Que quede como un accidente bobo. Pero no quiero
quedar ante los otros como un asesino, un hijo de puta, un delincuente…porque
yo sé que todas esas palabras son las que rondan por tu mente mientras me lees.
¿Te das asco de haber estado con alguien como
yo? ¿Te odias por haber amado a un asesino? ¿Sentís el mismo olor a mierda que
me siento yo desde hace un par de días? Yo sí, me odio, me detesto, me siento
sucio, por más que me bañe no se me va esa sensación de llevar a todos lados un
olor espantoso, que los demás lo perciben y se dan cuenta de que soy una
basura. Siento que ya no puedo ocultar mis crímenes, que todos me leen los
pensamientos, que SABEN lo que hice y en cualquier momento me van a señalar con
el dedo, me van a perseguir. ¡No quiero morir en la cárcel! ¡No quiero que mis
hijas tengan que visitarme en un penal! ¡No quiero que nadie me señale con el
dedo! ¡No quiero que me acusen por las adicciones de sus hijos! ¡No soporto la
idea de vivir de esa forma! Elijo matarme, elijo tener dignidad y que me
recuerden como lo que fui hasta ayer, un comerciante decente, un hombre de
familia, un hermano que se ocupó de meter preso a un delincuente, un padre que
se ocupó de sus hijas, un buen miembro de la sociedad… Te estoy escuchando
decirme ‘nunca lo fuiste’ y otra vez tendrías razón, pero es la imagen que yo
tenía, al menos de mí mismo. Y quiero morir así. Recordándote como el amor de
mi vida, como la mujer que me hizo sentir por primera vez un hombre de verdad.
Por más imposible que haya sido. Aunque haya terminado. Y nunca fue mi decisión
que terminara. Si todo hubiera sido
diferente. Si no hubieras exigido tanto. Si hubieras comprendido y aceptado mi
forma de amarte…Si hubiera tenido coraje de llevarte lejos, y vivir nuestro
amor…”
No hay comentarios:
Publicar un comentario