miércoles, 24 de julio de 2019

Capítulo 11


Te juro que no sé ni por dónde empezar. Hice tantas cosas, todas malas. Vos no te imaginás nada. O tal vez sí y por eso nunca me permitiste volver. O quizás, si yo hubiera tenido coraje, si me hubiera atrevido a romper la pared que pusiste cuando Clide descubrió la verdad, si yo hubiera tenido pelotas para dejar todo atrás y atreverme a ser feliz con vos, las cosas hubieran sido distintas.

Cuando te conocí me despertaste algo que no había sentido nunca. Hoy te confieso que esperaba tu llegada con la misma ansiedad de un adolescente,  que te sentía tan fría, tan lejana y no tenía idea por dónde abordarte. No sabía nada de vos y reconozco que por mi puta costumbre de creerme más que los demás, también te traté mal y sólo puse más distancia entre nosotros.

Me había separado de Clide, en eso nunca te mentí y escuché cuando hablabas con alguien para ir a una fiesta. Vos estabas en la vereda, no te diste cuenta y me enteré del lugar y del día. Para mí fue como tocar el cielo con las manos y abrir una puerta al paraíso. Era mi oportunidad para acercarme a vos. Mi único miedo era que estuvieras con otro hombre y, ahí sí, no sé qué hubiera hecho.

Te encontré y no quise soltarte más. Pero tuve miedo. De vos, de mí mismo, de mis hijas, mi familia, todo lo que me rodeaba era algo que yo no quería que te manche. Te sentía luminosa, clara, fuerte. Amarte fue la mayor fortuna que pude tener en mi vida y me di cuenta demasiado tarde.

No supe manejar tu independencia. No estaba acostumbrado a  una mujer como vos, libre, dueña de sí misma, capaz de tomar decisiones sin consultarle a nadie. Me dabas miedo. Miedo a que un día te cansaras de mí y me descartes, como yo estaba dispuesto a descartar el mundo que me rodeaba. Como descarté a tantas mujeres con las que estuve durante mi matrimonio antes de estar con vos. Nunca vas a darte una idea de lo vulnerable que me sentía, de las ganas de llevarte muy lejos, a otro lugar en donde nadie supiera quiénes éramos, empezar de nuevo con todo, tener otra vida y olvidarme de todo. Pero, te dije, me faltó coraje.

Mi familia era mi responsabilidad. Asumí hacerme cargo y por primera vez en mi vida, sentí culpa de serle infiel a Clide, no por el sentimiento que alguna vez le tuve, sino por la culpa que me embargaba de pensar que podría dejarla abandonada. A ella y a las chicas.

Quiero decirte todo, y no tengo palabras para explicarte por qué, cómo fue que sucedieron las cosas. Me perdió el orgullo, la soberbia, me enceguecí y me dejé llevar por las narices como un estúpido. No vi lo que pasaba adentro de mi propia casa. Me engañaron. Me manipularon, me dieron vuelta todo para que yo hiciera lo que otros me ordenaban sutilmente.

Yo mandé matar a Fabio. Sí, yo levanté el teléfono y di la orden de asesinarlo. No me siento orgulloso de eso. Me habían dicho que Fabio había abusado de una de mis hijas. Hubiera querido matarlo con mis propias manos. Pero me convencieron de que no valía la pena ensuciarme por una basura como era él. Que mejor era aprovechar a gente que ya estaba hundida y un crimen más no les movía un pelo. Entedeme, estaba enojado, ciego, furioso. Imagino tu cara leyendo esto. Adivino tus pensamientos y casi creo estar escuchando tus palabras. Supongo que si te hubiera dicho esto en persona habrías salido corriendo horrorizada, pensando con qué clase monstruo estuviste dos años.

Y seguramente te vas a sentir más enojada, porque vos me ayudaste mucho, sobre todo cuando Kevin se fugó y tiempo después apareció muerto y me vas a odiar cuando te diga que yo sabía que se iba a ir de la cárcel, que lo iban a liberar y que también soy responsable de su muerte. Había amenazado a mi tío con contar que él y yo habíamos sido los autores ideológicos, los que pagamos la liberación de la zona para que él pudiera matar a Fabio. El padre de Kevin trabajaba con mi tío y tuvo miedo. Se le hizo una emboscada, yo le pegué los balazos en las rodillas. Para asegurarnos de que no hable, lo pasamos por arriba con un auto viejo, que ya estaba fuera del sistema y que nadie iba a reclamar. Si, también maté a Kevin.

Pero hay más. No sé si seguiste leyendo. Te imagino rompiendo esto en mil pedazos, puteándome como sólo vos podías hacerlo. Porque nadie, en toda mi vida, cuando me puteaba me decía exactamente las palabras más duras, más crueles, pero llenas de tu verdad y tu amor. Fuiste la única persona a la que le permití decirme todas las verdades sin mandarla a la mierda. Y siempre terminaste teniendo razón. Aun cuando ya no estuviera con vos. Hubo muchas veces que me detenía cinco minutos y me preguntaba qué hubieras dicho. Y te escuchaba, en mi cabeza, en mi alma. Con esa furia tan tuya, tan certera. ¡Por qué nunca te hice caso! ¡Por qué me costó tanto aceptar que era yo el equivocado! ¿Habría podido cambiar algo? ¿Mi destino habría sido otro?

No sé si rompiste todo y quemaste esta carta o aún lees. Pero yo hoy necesito contarte todo, que vos lo sepas, que seas mi testigo, que sepas que me arrepentí. Tarde, lo sé, pero me arrepiento de todo lo que hice, que hoy me enteré de que fui un idiota toda mi vida, que me creí ser mejor y más que todos, y solo fui un estúpido al servicio de los caprichos de un tipo que me cagó la vida. No, él no me la cagó. Me la cague solito. Eso me hubieras dicho. Todas fueron, a la larga, mis decisiones, ¿verdad? Porque la última vez me marcaste que un montón de cosas eran responsabilidad o culpa mía, por las decisiones que tomaba o dejaba de tomar, y que culpando a los demás de lo que me pasaba era no hacerme cargo de lo que yo hacía. Y debo decir que tenías razón. Una vez más.

Mi ambición hizo que me asociara a mi tío. Si, ese tío que a vos siempre te hacía levantar tu ceja derecha cuando te contaba que viajábamos juntos a la capital o me iba con él a cazar. Ese que cuando te hablaba, ponías cara de que no te cerraba algo en nuestra relación. Nunca lo dijiste y nunca te lo dije, pero me daba cuenta de que había algo de él que no te gustaba. O que tenías dudas de algo que vos desconocías. Si, Roberto es un garca hijo de mil putas que abusó de mi hija, no fue Fabio. Roberto me llenó la cabeza para mandar a matar a mi propio hermano, diciendo que lo había visto toqueteando a la más chica, lo que era mentira. Lo hizo para cubrirse él.

 Me invitó a cazar un día y mientras comíamos algo, empezó a hablar como si no fuera nada importante. Ahí comencé a participar del tráfico de drogas. Compraba las que traían del norte en el mercado, las llevaba mezcladas entre los cajones de verduras, las tenía guardadas en el negocio hasta que él me avisaba que las llevara a la planta pesquera. Ahí las procesaban junto con el pescado, congelando todo y la mandaban a Europa en barco. Sí, me beneficié y mucho, tuve que tener cuidado, pero había logrado lo que tanto quería, tener plata. Comprar todo lo que mis hijas me pedían era la única forma que tenía de sentirlas cerca y de que me quisieran. Lo sé, alguna vez me lo dijiste, yo las eduqué para que me consideraran un cajero automático. También ahí tuviste razón.

Pero hay algo más, algo que nadie sabe. Un secreto que guardé hasta hoy y me envenenó mucho. Se trata de algo que me enfrentó a una de mis hijas, porque tuve que mentir. Pero no me resultaba difícil mentir. Y si me preguntás, hoy mismo me sorprendo de la sangre fría que tuve para hacer todo esto. Que, para mí, fue peor que todo lo demás.

Yo maté a Clide. En realidad fue un accidente, ella escuchó cuando yo hablaba con  mi tío sobre la muerte de Fabio y supo que tuve que ver con la orden. Corrió al cuarto, discutimos, le pegué un cachetazo y cayó al suelo, golpeándose la cabeza con un mueble. Yo no me había dado cuenta, seguía hablando enceguecido, diciendo barbaridades, ella estaba ahí, en el suelo, quieta. Entonces quise moverla y me di cuenta de que estaba muerta. No pensé en todo lo que hice, solo lo hice. Esperé a que cayera la noche, me fui hasta una ruta, lejos, me puse bolsas en los pies para no dejar marcas y tiré el cuerpo al lado de un coche que había abandonado ahí. Tiré combustible y quemé todo.  El auto y el cuerpo de Clide. Esperé hasta que quedara irreconocible. No pasó nadie en mucho rato y pude controlar que no quedara ni una sola huella. A las chicas les dije que se había ido a una misión con una congregación evangélica, sin teléfono ni nada. Era algo que ella siempre decía que iba a hacer. Me aproveché de eso. No podían sospechar porque en ese momento estábamos más o menos bien.

Bueno…en realidad fingía estar bien, porque no tenía sentido separarme. Ella algo había descubierto, me había perdonado y ya no podía estar más con vos. ¿Perder la mitad de todos mis bienes para quedarme sin vos? No, preferí mentir otra vez, tratar de unir a mi familia, hacer lo que tantas veces me dijiste ya que tener una vida juntos no formaba parte de nuestras opciones.

Te ensucié. Te culpé a vos de todo. Mentí, fui cobarde, dije que vos me buscabas, que no me dejabas en paz, pero que entre nosotros no pasaba nada, que eras una loca que se había obsesionado conmigo, que habías confundido mi agradecimiento por tu ayuda con otra cosa,   Hice eso que tantas veces me marcaste, culpar a otros de mis decisiones. Pero ya sabía que te había perdido y Clide, mal que me pese, era mi puerto seguro, ella dependía de mí, jamás trabajó y todo lo que tenía era porque yo se lo daba. Iba a aceptar cualquier cosa que le dijera sin cuestionarme. Y le prohibí terminantemente que intentara comunicarse con vos. Le dije que por despecho ibas a inventarle cualquier cosa, para hacer flaquear nuestro matrimonio. Le dije que eras capaz de todo por tal de lastimarla. Y ella me creyó. O al menos tuvo el miedo suficiente como para no buscarte. O no le interesaba saber la verdad.

Te preguntarás por qué hoy, después de tanto tiempo, escribo esto y te cuento todo a vos. Supe toda la verdad sobre mi tío, que él era quien abusaba de Juliana, que me enredó para librarse de todo y después se desató el resto. Y te lo cuento a vos porque creo que sos la única persona con quien he sido yo realmente en toda mi vida. Porque te lo debo. Y porque mañana ya no voy a estar en este mundo para hacerle mal a nadie. Cuando termines de leer esto, seguramente ya vas a estar enterada de mi muerte. Es la única forma decente que encuentro de pedir perdón, de redimirme, de liberarme del infierno que tengo en mi mente y ya no soporto más.

No pretendo que me tengas lástima, sé que no te permitís ese sentimiento hacia alguien como yo. Pero no puedo mirar a mis hijas a los ojos, no sé de qué forma seguir mintiendo, mi tío se fue a Italia cuando el gobierno desmanteló a un grupo de narcos que blanqueaban el dinero a través de vehículos y me dejó solo. Hace unos días estuvieron allanando en el mercado y decidí no ir al negocio, porque creo que en cualquier momento voy a caer. Y no tengo ni coraje, ni pelotas para enfrentar un proceso judicial, menos soportar la humillación de  ir a la cárcel. ¡Se me van a reír todos los que humillé, por Dios!

Prefiero matarme antes de que todo se sepa, al menos a mis hijas les va a quedar la imagen de un padre que hizo lo que pudo por ellas, para que tuvieran lo que yo no tuve, en un intento de demostrarles mi amor. Sé que vas a decir que no fui un buen padre, que sólo les proporcioné cosas materiales y no mi tiempo, pero ya está hecho. Ya está decidido. Después de cerrar este sobre, voy a tomar mi carabina, me voy a ir hasta uno de los campos en donde cazábamos y me voy a pegar un tiro en la cabeza. Que quede como un accidente bobo. Pero no quiero quedar ante los otros como un asesino, un hijo de puta, un delincuente…porque yo sé que todas esas palabras son las que rondan por tu mente mientras me lees.

 ¿Te das asco de haber estado con alguien como yo? ¿Te odias por haber amado a un asesino? ¿Sentís el mismo olor a mierda que me siento yo desde hace un par de días? Yo sí, me odio, me detesto, me siento sucio, por más que me bañe no se me va esa sensación de llevar a todos lados un olor espantoso, que los demás lo perciben y se dan cuenta de que soy una basura. Siento que ya no puedo ocultar mis crímenes, que todos me leen los pensamientos, que SABEN lo que hice y en cualquier momento me van a señalar con el dedo, me van a perseguir. ¡No quiero morir en la cárcel! ¡No quiero que mis hijas tengan que visitarme en un penal! ¡No quiero que nadie me señale con el dedo! ¡No quiero que me acusen por las adicciones de sus hijos! ¡No soporto la idea de vivir de esa forma! Elijo matarme, elijo tener dignidad y que me recuerden como lo que fui hasta ayer, un comerciante decente, un hombre de familia, un hermano que se ocupó de meter preso a un delincuente, un padre que se ocupó de sus hijas, un buen miembro de la sociedad… Te estoy escuchando decirme ‘nunca lo fuiste’ y otra vez tendrías razón, pero es la imagen que yo tenía, al menos de mí mismo. Y quiero morir así. Recordándote como el amor de mi vida, como la mujer que me hizo sentir por primera vez un hombre de verdad. Por más imposible que haya sido. Aunque haya terminado. Y nunca fue mi decisión que terminara. Si  todo hubiera sido diferente. Si no hubieras exigido tanto. Si hubieras comprendido y aceptado mi forma de amarte…Si hubiera tenido coraje de llevarte lejos, y vivir nuestro amor…”

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Capítulo 48

   Los medios del mundo entero no daban abasto con la   noticia. Todas las redacciones querían ser las primeras en tener la mayor canti...