miércoles, 24 de julio de 2019

Capítulo 18


     Los pensamientos de Natasha daban vueltas por su cabeza en forma veloz. Sonreía amablemente a esos hombres que se habían sentado en una especie de semicírculo alrededor del Principal, seis a cada lado, mientras que ella había quedado enfrentada a ese hombre vestido de blanco.

     Intentaban convencerla de que cediera su lugar dentro de la Hermandad a algún hombre de la familia, a alguien de confianza del sexo masculino. Ellos decían que las tareas de un miembro de la Hermandad eran pesadas y difíciles de soportar para una mujer, creación frágil y divina, destinada para otros menesteres.

     Natasha les respondió que no tenía familiares varones, y que ella era la única persona de confianza a la que conocía. Que no dudaran   que  ella estaba acostumbrada a pasar por situaciones de extrema dificultad y que tuvo que resolver cuestiones de vida o muerte en su pasado. Que su vida cómoda comenzó al casarse con Germán. Y que éste la había puesto al tanto de todos los temas relacionados a la Hermandad durante el tiempo de su matrimonio.

     Los sacerdotes se miraron entre sí. Natasha les parecía una mujer difícil de convencer, muy dura y con una determinación a prueba de cualquier manipulación. Dudaban si eso era una ventaja o un problema para ellos. Ella comenzó a hablarles de las distintas operaciones en las que Germán había intervenido. Incluso les marcó los errores en los que se había incurrido en otras operaciones que fueron descubiertas por las fuerzas de seguridad y en las que se había perdido una importante cantidad de dinero.

     El Principal le pidió unos minutos a solas con sus hombres. Natasha contestó con una sonrisa leve. Todos los hombres se levantaron y fueron hacia un saloncito cercano, en donde murmuraban cosas entre ellos. Cada tanto, alguno volteaba la cabeza y la miraba. Ella intentó que jamás se vislumbrara el odio que sentía y que se había acumulado durante años. Luego de varios minutos de intercambio de palabras, los hombres volvieron. Sin sentarse, el de sotana blanca habló:

-Serás aceptada como miembro Maestro de la Hermandad. Estarás a prueba para demostrarnos tu capacidad. Recibirás tus órdenes y deberás cumplirlas. Serás vigilada y al más mínimo error, tu cargo será eliminado y otorgado a otra persona. Tu vida depende de tu proceder.

     Natasha asintió. Se levantó y extendió la mano con asco, cerrando el pacto. No tenía idea de cómo lucharía contra la institución más poderosa y antigua del mundo, extendida por todo el planeta bajo la fachada de una religión con 2.000 años de antigüedad y de la que jamás nadie sospecharía que estaba detrás de todos los narcotraficantes más poderosos y conocidos del mundo.  Todos ellos, formaban parte de la Hermandad.  Pero ninguno sabía que eran solo simples peones descartables dentro de un enorme juego de ajedrez y que jamás llegarían a ser el Rey en ese tablero.

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