Apenas
llegó a su casa, Natasha se quitó los zapatos y se dirigió al pequeño bar que
tenía en un saloncito. Se sirvió whisky y bebió un trago rápido. Necesitaba
pensar. Necesitaba acomodarse a esta nueva situación. Sus planes habían
cambiado radicalmente. La misma cúpula de la Iglesia Católica estaba detrás de
la Hermandad y dirigía a los cabecillas narcos más importantes del mundo. Las
agencias internacionales los perseguían, los atrapaban, los metían en cárceles
y simplemente eran la carnada para despistar sobre la identidad de los
verdaderos Jefes.
¿Roberto
lo sabría? Soltó una carcajada ruidosa y larga. ¡Qué podría saber el tío
Roberto, un pequeño mequetrefe con aspiraciones a gran jefe narco, que había
vendido a su propia sobrina para poder escalar dentro de la organización? Sería
simplemente una pantalla, que ellos usarían cuando les hiciera falta para sacar
a las fuerzas de seguridad de su camino. Ellos, los que manejaban el mundo como
si fueran titiriteros. Ellos, que hablaban de amor, de paz, del prójimo, los
más grandes criminales del planeta.
¡Qué
buena fachada habían logrado! ¿Quién podría denunciarlos? ¿Quién se metería con
la organización más poderosa del mundo que desde hacía más de 2000 años
dominaban la espiritualidad de millones de personas? Tenían llegada a los
lugares más recónditos del planeta. Eran un Estado reconocido ante el mundo y
probar la existencia de la Hermandad y sus vinculaciones con el crimen
organizado sería muy difícil. Acercarse a ellos para concretar su venganza sería
una misión imposible.
Los
grandes jefes narcos, como el Chapo y Escobar, eran solo dos pruebas de que si
el poder se les subía a la cabeza y pretendían cortarse solos en el negocio, la
Hermandad les soltaba la mano y deberían asumir el riesgo ellos solos ante las
autoridades. Mencionar a la organización, tan solo sugerir su existencia ante
las autoridades, era garantía segura de muerte, además de que todos se les
hubieran reído sin creerles al escuchar que las máximas autoridades de una de
las mayores religiones del mundo eran los verdaderos cabecillas del submundo
del crimen organizado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario