miércoles, 24 de julio de 2019

Capítulo 20


     No sabía si sorprenderse o no. Al abrir la puerta, se encontró con las dos hijas de Osvaldo paradas en su puerta.  En el fondo, su cabeza le había dicho que enviar ese material a las chicas iba a provocar la curiosidad de ellas para conocer su rol en esa historia.  Debería reconocer ante ellas que habían sido amantes por dos años. Debería soportar y resistir sus miradas y someterse a su juicio. Algo que había querido evitar durante tantos años. ¿Por qué Osvaldo la había puesto en esa situación? ¿Por qué comprometerla de esa forma, nombrándola como única destinataria de lo que había en esa caja de seguridad?

     Apenas si se dijeron algo. Las hizo pasar, que se acomodaran en los sillones de la salita, les preparó té y se dispuso a escucharlas.

-No sabemos cómo comenzar. No sabemos quién es usted, bah, si, recordamos que era amiga de nuestro padre y que lo había ayudado a comunicarse con gente de la policía cuando mataron al tío Fabio-. Así comenzaba a hablar Beatriz, la mayor. Eso de conectarlo con la policía…bueno, no iba a explicarle mucho sobre esa etapa y trataría de no ahondar en cosas muy privadas.

-En la caja de seguridad había una carta, dirigida a usted.

     Esa había sido Juliana. La miraba con rabia, pero se daba cuenta de que esa rabia no estaba dirigía a ella, sino hacia su padre. Sacó un sobre de su cartera y se lo dio.

-Creo que usted debería leer esto, al fin y al cabo, es la destinataria.

    Ella tomó los papeles con manos temblorosas. No tenía idea de qué contenía esa carta y  jamás se imaginó los horrores que Osvaldo confesaba a través de esas líneas. Las mentiras y más mentiras que habían rodeado su vida, estaban en esas carillas, escritas a mano, como si fuera su testamento. Así supo que su accidente había sido un intento de suicidio.

    No podía, no quería continuar leyendo. No comprendía cómo había sido posible estar al lado de un hombre así y no darse cuenta, no percibir su peligro, su engaño. La enojaba consigo misma haber sido tan ciega, pensando que lo ayudaba, buscando pistas sobre el paradero del asesino de Fabio, mientras había sido el propio Osvaldo quien lo había matado, ayudado por su tío Roberto. Entre ambos habían organizado la fuga del chico, para luego asesinarlo de la forma más cruel imaginable. No lograba entender cómo podía existir tanto sadismo en una persona y que ella nunca si hubiera dado cuenta.

-¿Mi papá y usted fueron amantes?

     Juliana rompió el silencio con esa pregunta incómoda, que ella hubiera preferido evitar. Pero la carta no daba mucho lugar a dudas. Osvaldo confesaba el romance que habían mantenido. No podía pronunciar palabra, sentía un nudo en la garganta y le impedía emitir sonido. Solo pudo asentir con la cabeza, mirando esas hojas que habían sido escritas hacía tanto tiempo.

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