No sabía
si sorprenderse o no. Al abrir la puerta, se encontró con las dos hijas de
Osvaldo paradas en su puerta. En el
fondo, su cabeza le había dicho que enviar ese material a las chicas iba a
provocar la curiosidad de ellas para conocer su rol en esa historia. Debería reconocer ante ellas que habían sido
amantes por dos años. Debería soportar y resistir sus miradas y someterse a su
juicio. Algo que había querido evitar durante tantos años. ¿Por qué Osvaldo la
había puesto en esa situación? ¿Por qué comprometerla de esa forma, nombrándola
como única destinataria de lo que había en esa caja de seguridad?
Apenas si
se dijeron algo. Las hizo pasar, que se acomodaran en los sillones de la
salita, les preparó té y se dispuso a escucharlas.
-No sabemos cómo comenzar. No sabemos quién es
usted, bah, si, recordamos que era amiga de nuestro padre y que lo había
ayudado a comunicarse con gente de la policía cuando mataron al tío Fabio-. Así
comenzaba a hablar Beatriz, la mayor. Eso de conectarlo con la policía…bueno,
no iba a explicarle mucho sobre esa etapa y trataría de no ahondar en cosas muy
privadas.
-En la caja de seguridad había una carta, dirigida a
usted.
Esa había sido Juliana. La miraba con rabia,
pero se daba cuenta de que esa rabia no estaba dirigía a ella, sino hacia su
padre. Sacó un sobre de su cartera y se lo dio.
-Creo que usted debería leer esto, al fin y al cabo,
es la destinataria.
Ella tomó
los papeles con manos temblorosas. No tenía idea de qué contenía esa carta
y jamás se imaginó los horrores que
Osvaldo confesaba a través de esas líneas. Las mentiras y más mentiras que
habían rodeado su vida, estaban en esas carillas, escritas a mano, como si
fuera su testamento. Así supo que su accidente había sido un intento de
suicidio.
No podía,
no quería continuar leyendo. No comprendía cómo había sido posible estar al
lado de un hombre así y no darse cuenta, no percibir su peligro, su engaño. La
enojaba consigo misma haber sido tan ciega, pensando que lo ayudaba, buscando
pistas sobre el paradero del asesino de Fabio, mientras había sido el propio
Osvaldo quien lo había matado, ayudado por su tío Roberto. Entre ambos habían
organizado la fuga del chico, para luego asesinarlo de la forma más cruel
imaginable. No lograba entender cómo podía existir tanto sadismo en una persona
y que ella nunca si hubiera dado cuenta.
-¿Mi papá y usted fueron amantes?
Juliana
rompió el silencio con esa pregunta incómoda, que ella hubiera preferido
evitar. Pero la carta no daba mucho lugar a dudas. Osvaldo confesaba el romance
que habían mantenido. No podía pronunciar palabra, sentía un nudo en la
garganta y le impedía emitir sonido. Solo pudo asentir con la cabeza, mirando
esas hojas que habían sido escritas hacía tanto tiempo.
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