miércoles, 24 de julio de 2019

Capítulo 22


-Necesitamos que la gente sepa de la existencia del mal, para que la existencia del bien tenga mucho más valor.

    Mientras terminaba de vestirse recordaba las palabras que aquéllos hombres le habían dicho en la reunión. Tenían los dos “negocios” dominados, el de la fe, y el de la perdición. Podían tranquilamente predicar sobre el daño que hacían la droga y las armas, pero venderlas para corroborar la fuerza de sus palabras. Salvaban almas, pero quitaban vidas. Eran los daños colaterales que necesitaban para justificar su imperio de la fe. Hablaban de valores, pero contaban los billetes que el delito les proporcionaba.

-No somos los culpables de que las personas no crean, el ser humano es débil y el pecado es inevitable para muchos, cuya fe es poca y no resisten  las tentaciones.

     Por eso les ofrecían prostitutas, por eso les proveían de alcohol y drogas, por eso les vendían armas. Para demostrarse a sí mismos que eran superiores ante esas debilidades. Era un negocio redondo en donde percibían beneficios por los dos bordes del precipicio. Eran los creadores de la salvación y los promotores de la perdición.

    La conversación con quienes podrían haber sido sus primeros torturadores le daba vueltas en la cabeza. Sentía asco de todo lo que la rodeaba, pero no podía darse por vencida. Sabía que lograr vengarse de ellos iba a ser una tarea difícil, pero encontraría la manera de hacerlo.


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