-Necesitamos que la gente sepa de la existencia del
mal, para que la existencia del bien tenga mucho más valor.
Mientras
terminaba de vestirse recordaba las palabras que aquéllos hombres le habían
dicho en la reunión. Tenían los dos “negocios” dominados, el de la fe, y el de
la perdición. Podían tranquilamente predicar sobre el daño que hacían la droga
y las armas, pero venderlas para corroborar la fuerza de sus palabras. Salvaban
almas, pero quitaban vidas. Eran los daños colaterales que necesitaban para
justificar su imperio de la fe. Hablaban de valores, pero contaban los billetes
que el delito les proporcionaba.
-No somos los culpables de que las personas no
crean, el ser humano es débil y el pecado es inevitable para muchos, cuya fe es
poca y no resisten las tentaciones.
Por eso
les ofrecían prostitutas, por eso les proveían de alcohol y drogas, por eso les
vendían armas. Para demostrarse a sí mismos que eran superiores ante esas
debilidades. Era un negocio redondo en donde percibían beneficios por los dos
bordes del precipicio. Eran los creadores de la salvación y los promotores de
la perdición.
La
conversación con quienes podrían haber sido sus primeros torturadores le daba
vueltas en la cabeza. Sentía asco de todo lo que la rodeaba, pero no podía
darse por vencida. Sabía que lograr vengarse de ellos iba a ser una tarea
difícil, pero encontraría la manera de hacerlo.
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