miércoles, 24 de julio de 2019

Capítulo 25


     Pocos sabían cómo había accedido al poder Jin-Kao-Wong y los pocos que habían tenido trato con él temían más a su leve sonrisa que a su peor día de malhumor. Wong era de esos tipos fríos, crueles, que se servía de quien fuera para lograr su meta. Y si bien tenía lacayos que cumplían sus órdenes al pie de la letra, no dudaba en usar él mismo los peores métodos de tortura para que sus víctimas confesaran lo que deseaba saber.

     Se había criado en las calles de Hong-Kong, sus padres eran unos prósperos comerciantes de una pequeña pero coqueta calle de un suburbio. Una mañana entraron unos hombres y comenzaron a discutir con su padre. Le exigieron dinero. El pequeño Wong no entendía por qué le hacían esa exigencia, ni por qué su padre casi no había hablado durante todo el resto del día. Estaba preocupado y pálido. Su madre lo mandó a dormir temprano. Pero el niño se quedó escuchando detrás de una puerta. Discutían entre susurros. Cuando su padre levantaba algo la voz, su madre le hacía una señal con el dedo sobre la boca mirando hacia la habitación del pequeño. Papá volvía a susurrar. Wong entendió que los hombres habían amenazado a su padre con arruinarle el negocio. Pero  la suma que pedían era exorbitante. Le habían dado una semana para conseguirla. El niño volvió a su cuarto. No entendía mucho a qué se refería su papá cuando dijo que, de no obtener el dinero, debería atenerse a las consecuencias. Una semana más tarde lo supo.

    Todos esos días fueron extraños en la casa. Su madre ya no canturreaba mientras realizaba sus quehaceres, ni su padre contaba riendo las cosas que le pasaban durante el día cuando cenaban. Él mismo, en su escuela, estaba distraído, pensando en el significado de todo lo que había ocurrido. Su maestra se acercaba a él y lo impulsaba a jugar con los otros niños. Pero prefería quedarse ahí, sentado, esperando que llegara ese día en que su padre debería pagarle a esos hombres extraños.

    Papá no quería que el pequeño Wong fuera al comercio. Sin embargo, el desobedeció las órdenes y se escurrió como pudo a los controles. Mamá estaba preocupada por su marido, de modo que, pese a la negativa de su marido, ese día lo acompañó. Había decidido que iba a estar a su lado en todo, sin importar lo que ocurriese, era su compañero de vida y lo que fuera, lo afrontarían juntos. El niño se escondió detrás de un mueble, sin que nadie lo viera, miraba fijamente hacia la puerta, esperando que los hombres llegaran. Su papá atendía a los compradores habituales de una forma mecánica, sin la sonrisa habitual ni la amabilidad acostumbrada. Estaba nervioso, preocupado. Wong no lo sabía, pero su papá no había logrado juntar el dinero que le pedían. Ni siquiera había llegado a la mitad de la cifra.

Los hombres llegaron, uno tenía un tajo en la cara. El otro, pudo ver que tenía un ojo blanco.  Su padre comenzó a temblar. Su madre se puso al lado del hombre, tomándole la mano para tranquilizarlo un poco.

-¿Lo tienes?-preguntó el del tajo.

-Una parte-respondió su padre tartamudeando.

-¿Una parte?-repitió el del tajo-¿Una parte? ¿Qué parte no entendiste que debías tener el dinero hoy? ¡Te dimos una semana para juntarlo!

    El padre de Wong balbuceaba explicaciones. El niño no comprendía por qué esos hombres le pedían dinero a su papá. Veía que se empezaban a poner violentos.

-Escúchame, te advertimos de las consecuencias que ibas a sufrir si no cumplías, ¿verdad?

    El hombre movió afirmativamente la cabeza. El del ojo blanco dio la vuelta y pasó detrás del mostrador, abrió la caja y retiró los billetes que había allí. Hurgó en los bolsillos del padre de Wong, encontró algunos billetes más.

-¿Dónde está el resto?-preguntó el del tajo.

-Allí, en aquella caja- indicó el hombre, al que estaba faltándole la respiración.

    El del ojo blanco fue hasta la caja, retiró una bolsa, la abrió y mostró el contenido a su compañero.

-A ella no la revisaste-le respondió el del tajo.

    El del ojo blanco sonrió. Tenía un diente de plata en unas encías sucias. Esa era la parte que más le gustaba de su trabajo. Se acercó a la mujer, que se había aferrado al brazo de su marido. Él se puso delante de ella, para impedir que el extorsionador la tocara. El delincuente sacó una cuchilla y la puso en el cuello del padre de Wong, tomó a la mujer de la muñeca y la acercó a donde estaba. Comenzó a revisarla, tocando sus piernas desnudas, subiendo por los muslos debajo de la falda. Hundió sus manos en las nalgas de ella, apretándola contra su cuerpo. Ella temblaba y trataba de soltarse. Su esposo quiso interponerse. El del tajo sacó un revólver del bolsillo de su abrigo y disparó. Wong vio cómo su papá caía, mientras se llevaba una mano al pecho, en el lugar en el que de repente hubo una enorme mancha de sangre.

    La madre de Wong comenzó a gritar. El del ojo blanco la abofeteó,  ella intentó acercarse al cuerpo de su esposo que agonizaba aún, pero el hombre la tironeó del brazo y la arrastró hacia el fondo del local. El  del tajo cerró la puerta de ingreso y dio vuelta el cartel que informaba que el local estaba cerrado y se fue hasta la parte en donde su cómplice había llevado a la mujer. Entre ambos la manosearon, mientras ella lloraba y suplicaba que la dejaran en paz. Ellos reían, la insultaban mientras la lamían y el del ojo blanco apoyó la espalda de la mujer contra la pared de un golpe y la violó. Los gritos de la madre de Wong eran estremecedores. Luego le tocó el  turno al otro, la volteó con la cara hacia el piso, levantó la falda de la mujer y se apoyó brutalmente contra su cuerpo. Ella ya no luchaba, sólo lloraba y gritaba de dolor. Los hombres se reían, se burlaban, la insultaban, la golpeaban. Wong veía todo eso escondido detrás del mueble. Tenía terror de salir, estaba paralizado, se sentía molesto por no poder defender a su mamá y hacer algo con esos dos hombres que habían lastimado a su papá. ¿Qué podía hacer un niño de seis años en esa situación?

     Por fin terminaron de torturar a la mujer, que tenía la mirada perdida en un punto fijo. Había visto al niño detrás del mueble mientras era ultrajada por los hombres, sintió vergüenza y asco ante esa situación, si sobrevivía no podría mirarlo nunca más a los ojos. Deseaba que la mataran como habían hecho con su marido. Para ella, vivir con el peso de ese ultraje era indigno.

    Los hombres caminaron por el negocio y se dedicaron a romper todo. Tiraron estanterías y rompieron frascos, paquetes, desparramaron todo lo que pudieron e hicieron inservible cualquier cosa que pudiera rescatarse para la venta o consumo. La mujer juntó fuerzas y se levantó. Había tomado una pequeña estatuilla que tenían y caminó hacia ellos. Algo crujió bajo sus pies y el del tajo se dio vuelta justo cuando ella estaba con el objeto levantado para dárselo por la cabeza. La mató de un disparo en el pecho. Pasaron por el mostrador y la mano del padre de Wong tomó el tobillo de uno de los hombres. Lo remataron de un tiro y salieron.

     El pequeño Wong permaneció escondido detrás del mueble. No se atrevía a salir de allí, no quería ver los cuerpos de sus padres tirados en el piso del negocio que tanto esfuerzo les había costado construir. Lloraba en silencio, temiendo que en cualquier momento apareciera uno de esos asesinos y  terminara su trabajo. Nunca supo cuántas horas estuvo allí, quieto y en silencio, esperando despertar de esa pesadilla y que sus padres estuvieran ahí, como siempre, sonrientes y felices. Había cerrado los ojos, pensando que al abrirlos todo iba a ser igual que antes. Los abrió al escuchar un ruido. Vio dos piernas frente suyo, levantó la vista y era uno de los clientes habituales del negocio. Tenía su mano abierta extendida al niño, quien la tomó para ayudarse a levantarse de allí.

-Cierra los ojos y camina despacio. Yo te guiaré- le dijo el hombre.

    Wong asintió con la cabeza y se dejó llevar. Llevaban un rato caminando, cuando el hombre le dijo que ya podía abrirlos. Estaban en una calle, a varios metros del local en donde sus padres habían muerto. A partir de ese día, Chen Li Juang sería su mentor y guía, quien lo orientaría en la vida y le enseñaría todo lo necesario para vengar la muerte de la pareja. Pero jamás imaginó el poder que su protegido llegaría a adquirir.

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