Las tres
hermanas decidieron que tenían que hablar con la mujer a la cual su padre había
dejado todo lo que tenía. Debían tomar una decisión y era inevitable tratar con
ella. Florencia no podía esconder la rabia que sentía al saber que había sido
amante de su padre. Juliana y Beatriz le dijeron que ellas también al principio
sentían enojo, pero que la mujer no quería nada de lo que había en los bancos
ni en las cajas de seguridad.
Ella notó
el gesto duro que Florencia tenía al abrir la puerta. Las otras dos chicas ya
eran más amables y comprensivas. Sin embargo, poco a poco, Florencia fue
cambiando su actitud. La creía en parte culpable de la muerte de su madre. Sin
embargo, era cierto lo que le habían dicho. Esa mujer no estaba interesada en
nada. Y terminó de convencerse tras leer la carta escrita de puño y letra por
su padre, relatando que ellos ya habían terminado su relación cuando ocurrió la
muerte de Clide.
Pese a
todo, se le hacía duro conocer todos los detalles. Sus hermanas le habían
contado por videoconferencia algunas cosas, pero tener la carta en sus manos,
con la confesión, era otra diferente. Se odiaba a sí misma pensando que por sus
venas corría la misma sangre que la de esos criminales. Odiaba a su padre y a
su tío con todo su ser. No podía dominar ese sentimiento. La mujer se les
adelantó sobre el tema que más les interesaba tratar.
-Lo dije en otra oportunidad, lo que su padre dejó a
mi nombre no me interesa, no lo quiero, no me corresponde. Es de ustedes. Todo
lo que haya en las cajas, en las cuentas, no me importa. Díganme qué necesitan
que haga para que el banco les entregue todo.
-Juliana accedió a algunas cosas-dijo Beatriz- pero
para acceder a las cuentas secretas, necesitamos que usted firme los papeles,
cediendo sus derechos.
-Está bien-dijo ella- hagan una cita en el banco,
avísenme y nos reuniremos para firmar lo que sea necesario. Todo esto me trae
recuerdos de un pasado que creí que nunca más iba a despertar.
-¿Usted lo amaba?
Florencia
soltó esa pregunta sin pensarla. La mujer bajó la mirada.
-No creo conveniente hablar de eso- respondió.
-Yo creo que sí. Somos las hijas de ese hombre que
no dudó en dejarle todo lo que había conseguido. Lo que nos correspondía.
Tenemos derecho a saber todo.
Ella
respiró profundo. Se daba cuenta de que no sería tan fácil evitar el tema con
Florencia. Era directa y se notaba que se había endurecido durante esos años.
-Sí. Yo lo amaba. Profundamente. Y no me preguntés
por qué, porque nunca pude responderme a mí misma esa pregunta. Lo amé sin
razones, sin explicaciones, disfrutando el tiempo que me daba, y sin pedirle
jamás nada a cambio.
Respondió
mirando a la muchacha con firmeza., directamente, porque se daba cuenta de que
el diálogo iba a ser con ella. Había tomado el timón de las decisiones de la
familia. Y la iba a respetar por eso.
-¿Por qué lo dejó? ¿Por qué no lo buscó cuando murió
mi mamá?
-Porque hubo demasiado dolor entre nosotros. Porque
hubieron mentiras que aniquilaron todo lo bueno que había sentido por tu padre.
Porque no tuvo problemas en ensuciarme para quedar bien parado ante tu mamá
cuando ella tuvo una pista sobre nuestra relación.
Florencia
quiso hacer más preguntas, pero se dio cuenta de que era suficiente por ese
día. Quizás en otra oportunidad, quizás solas. Sin la presencia de sus
hermanas. Quizás nunca se diese la oportunidad de saber más sobre la relación
entre su padre y esa mujer.
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