El jefe
llamó a sus guardias. Wong aún no sabía cuál sería la decisión que iba a tomar.
Los hombres llegaron e hicieron una inclinación ante su patrón como señal de
respeto. Aún daba vueltas alrededor del muchacho, sin pronunciar palabra.
-Lleven a este hombre a la habitación del primer
piso. Que se dé un baño y descanse, asegúrense que coma algo, denle ropa y por
la noche llévenlo al escritorio, allí le comunicaré su destino.
Los
guardias tomaron a Wong del brazo y lo trasladaron por una enorme mansión hasta
la planta superior. Lo llevaron hasta una espaciosa habitación, con un baño
gigante. Lo hicieron meterse en una gran tina con espuma y aceites perfumados.
Le proveyeron de una bata de seda y, al volver al cuarto, sobre una mesa había
una enorme fuente con embutidos y frutas. Comió desesperadamente, como si
hiciera mucho tiempo que no probaba bocado. No comprendía todo lo que estaba
ocurriendo, pero iba a aprovechar cada segundo que estuviera vivo. Si el jefe
pensaba matarlo, tenía una manera muy particular de hacer pasar a su víctima
sus últimas horas de vida.
Se acostó
sobre una cama mullida y cómoda. Temía dormirse y que sus captores aprovechasen
ese momento para asesinarlo. De repente pensó que la comida pudiera estar
envenenada. Un sopor lo venció y durmió profundamente.
Nunca
supo cuánto durmió. Cuando despertó, uno de los guardias vigilaba desde un
silloncito cercano. Le indicó que se colocara un traje que había en un
vestidor. Una camisa blanca de una tela finísima, un traje negro con ligeras
rayas grises que parecía hecho a medida, zapatos negros nuevos, lustrosísimos.
Todo parecía realizado para él. Nada le quedaba grande, ni le ajustaba.
El guardia
le hizo una seña para que lo acompañara. Caminaron juntos otra vez por la
mansión, esta vez dirigiéndose a un escritorio. La entrada de madera blanca con
bordes tallados daba una impresión de grandeza y lujo extrema.
El jefe lo
hizo sentarse frente a él. Sirvió dos copas con licor y le ofreció una. Wong
miraba sin comprender.
-Bebe tranquilo, no te voy a envenenar.
Ambos
tomaron al mismo tiempo.
-Soy el jefe Chon-Fu-Kan. No me presenté
anteriormente.
Le
extendió la mano. Wong la tomó temeroso.
-No voy a negarte que me hubiera gustado matarte con
mis propias manos, lo que hiciste fue una afrenta terrible, mataste a mi
hermano-Hizo un silencio para tomar otro trago del licor- Y te preguntarás por
qué no lo hice.
Asintió
con la cabeza. A esta altura tenía más curiosidad que miedo. El calor del licor
comenzó a hacer efecto y el temor a morir estaba desapareciendo.
-Te lo voy a explicar. Mi hermano mató a tus padres, haciendo una afrenta a la banda
que comandaba Juang. Tu protector nunca tomó revancha, siendo que eso había
ocurrido en su territorio. Ignoro por qué no me lo reclamó. Quizás esperó a que
tú crecieras para que tomaras una decisión al respecto. Tú creciste. Y
decidiste. No fue la mejor elección, pero eres joven e impulsivo. Mataste a mi
hermano y a su amigo, te vengaste. Pero comprenderás que un jefe como yo no
puede permitir que eso quedase impune. No puedo cruzarme de brazos y llorar a
mi hermano como un niño sin tomar mi venganza. Fue lo que hice. Tomé la vida de
tu protector. Y me adueñé de todo lo que fue suyo. Ahora yo soy el líder del
sector sur y del sector oeste. Mi fortuna creció, mi poder creció. Y eso te lo
debo a ti.
Wong
seguía sin comprender a donde quería llegar Kan.
-Demostraste valor y coraje, no solo enfrentando a
mi hermano y a ese amigo suyo, sino cuando te atraparon mis hombres y durante
mi interrogatorio. Te debo una reparación por la muerte de tus padres, porque
fue injusta. Mi hermano estaba ciego, enloquecido y la compañía de ese mudo lo
volvió loco. Nunca salió de mi boca la orden de extorsionar a tus padres, ni de
matarlos. Se todo lo que hicieron esos dos. Jamás pude considerar a mi hermano
como mi sucesor en la orden, porque hubiera enloquecido y tirado por la borda
años de esfuerzo y trabajo. Y ahora que no está, debo elegir y preparar a
alguien que me reemplace cuando yo no pueda cumplir mi trabajo o cuando ya no esté.
Wong iba
comprendiendo hacia donde se dirigía la charla. De pensar que esa misma noche podría
morir, ahora se le abría una posibilidad impensada.
-Serás
tú esa persona. Conoces la zona oeste mejor que nadie y te conocen a ti, por
haber sido criado por Juang. Me ayudarás a administrar el trabajo desde ahí y
te enseñaré el sector sur. Serás mi hijo ante todos. Y compensaré la pérdida
que sufriste ampliamente. Las deudas de honor se pagan, Wong, más tarde o más
temprano.
El joven desde ese día supo que un día sería
el hombre más poderoso de China. Que le debía la vida a Kan y que debía medir
sus pasos para no equivocarse y perder su confianza. Tenía que hacer una marca
propia, un sello para firmar los pactos. Diseñó un bosquejo que creyó debía ser
lo que lo distinguiría de todos sus rivales. Un escorpión. Todo lo que fuera
suyo, a partir de ese día, llevaría esa marca.
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