domingo, 28 de julio de 2019

Capítulo 30


    El jefe llamó a sus guardias. Wong aún no sabía cuál sería la decisión que iba a tomar. Los hombres llegaron e hicieron una inclinación ante su patrón como señal de respeto. Aún daba vueltas alrededor del muchacho, sin pronunciar palabra.

-Lleven a este hombre a la habitación del primer piso. Que se dé un baño y descanse, asegúrense que coma algo, denle ropa y por la noche llévenlo al escritorio, allí le comunicaré su destino.

    Los guardias tomaron a Wong del brazo y lo trasladaron por una enorme mansión hasta la planta superior. Lo llevaron hasta una espaciosa habitación, con un baño gigante. Lo hicieron meterse en una gran tina con espuma y aceites perfumados. Le proveyeron de una bata de seda y, al volver al cuarto, sobre una mesa había una enorme fuente con embutidos y frutas. Comió desesperadamente, como si hiciera mucho tiempo que no probaba bocado. No comprendía todo lo que estaba ocurriendo, pero iba a aprovechar cada segundo que estuviera vivo. Si el jefe pensaba matarlo, tenía una manera muy particular de hacer pasar a su víctima sus últimas horas de vida.

    Se acostó sobre una cama mullida y cómoda. Temía dormirse y que sus captores aprovechasen ese momento para asesinarlo. De repente pensó que la comida pudiera estar envenenada. Un sopor lo venció y durmió profundamente.

     Nunca supo cuánto durmió. Cuando despertó, uno de los guardias vigilaba desde un silloncito cercano. Le indicó que se colocara un traje que había en un vestidor. Una camisa blanca de una tela finísima, un traje negro con ligeras rayas grises que parecía hecho a medida, zapatos negros nuevos, lustrosísimos. Todo parecía realizado para él. Nada le quedaba grande, ni le ajustaba.

    El guardia le hizo una seña para que lo acompañara. Caminaron juntos otra vez por la mansión, esta vez dirigiéndose a un escritorio. La entrada de madera blanca con bordes tallados daba una impresión de grandeza y lujo extrema.

    El jefe lo hizo sentarse frente a él. Sirvió dos copas con licor y le ofreció una. Wong miraba sin comprender.

-Bebe tranquilo, no te voy a envenenar.

    Ambos tomaron al mismo tiempo.

-Soy el jefe Chon-Fu-Kan. No me presenté anteriormente.

    Le extendió la mano. Wong la tomó temeroso.

-No voy a negarte que me hubiera gustado matarte con mis propias manos, lo que hiciste fue una afrenta terrible, mataste a mi hermano-Hizo un silencio para tomar otro trago del licor- Y te preguntarás por qué no lo hice.

    Asintió con la cabeza. A esta altura tenía más curiosidad que miedo. El calor del licor comenzó a hacer efecto y el temor a morir estaba desapareciendo.

-Te lo voy a explicar. Mi hermano mató  a tus padres, haciendo una afrenta a la banda que comandaba Juang. Tu protector nunca tomó revancha, siendo que eso había ocurrido en su territorio. Ignoro por qué no me lo reclamó. Quizás esperó a que tú crecieras para que tomaras una decisión al respecto. Tú creciste. Y decidiste. No fue la mejor elección, pero eres joven e impulsivo. Mataste a mi hermano y a su amigo, te vengaste. Pero comprenderás que un jefe como yo no puede permitir que eso quedase impune. No puedo cruzarme de brazos y llorar a mi hermano como un niño sin tomar mi venganza. Fue lo que hice. Tomé la vida de tu protector. Y me adueñé de todo lo que fue suyo. Ahora yo soy el líder del sector sur y del sector oeste. Mi fortuna creció, mi poder creció. Y eso te lo debo a ti.

    Wong seguía sin comprender a donde quería llegar Kan.

-Demostraste valor y coraje, no solo enfrentando a mi hermano y a ese amigo suyo, sino cuando te atraparon mis hombres y durante mi interrogatorio. Te debo una reparación por la muerte de tus padres, porque fue injusta. Mi hermano estaba ciego, enloquecido y la compañía de ese mudo lo volvió loco. Nunca salió de mi boca la orden de extorsionar a tus padres, ni de matarlos. Se todo lo que hicieron esos dos. Jamás pude considerar a mi hermano como mi sucesor en la orden, porque hubiera enloquecido y tirado por la borda años de esfuerzo y trabajo. Y ahora que no está, debo elegir y preparar a alguien que me reemplace cuando yo no pueda cumplir mi trabajo o cuando ya no esté.

    Wong iba comprendiendo hacia donde se dirigía la charla. De pensar que esa misma noche podría morir, ahora se le abría una posibilidad impensada.

-Serás tú esa persona. Conoces la zona oeste mejor que nadie y te conocen a ti, por haber sido criado por Juang. Me ayudarás a administrar el trabajo desde ahí y te enseñaré el sector sur. Serás mi hijo ante todos. Y compensaré la pérdida que sufriste ampliamente. Las deudas de honor se pagan, Wong, más tarde o más temprano.

    El joven desde ese día supo que un día sería el hombre más poderoso de China. Que le debía la vida a Kan y que debía medir sus pasos para no equivocarse y perder su confianza. Tenía que hacer una marca propia, un sello para firmar los pactos. Diseñó un bosquejo que creyó debía ser lo que lo distinguiría de todos sus rivales. Un escorpión. Todo lo que fuera suyo, a partir de ese día, llevaría esa marca.

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