domingo, 28 de julio de 2019

Capítulo 33


    Monseñor Borrelli asentía con la cabeza a algunas frases que se decían en la reunión protocolar a la que debía asistir en la residencia papal. No le importaba nada de lo que se hablaba para elaborar un documento que entregar a la prensa y demostrar al mundo cuánto se preocupaban por los más humildes. Tenía otras cosas más importantes que hablar, pero para eso debía esperar que el representante de los medios se fuera.

    Les llevaron café y galletas, ya que la disertación se hacía larga y Su Santidad no daba por terminada la audiencia. Parecía que estaba de muy buen humor para pasar sentado en el mismo lugar varias horas del día, escuchando lamentaciones y formalidades.

     Quería mostrarle los números de la contabilidad de los negocios que la Hermandad llevaba adelante. Quería hablarle de lo bien que estaba funcionando la nueva conexión con China. El señor Wong, un socio importante dentro de la organización, prometía grandes beneficios con la venta de armas a los países musulmanes que estaban en guerra, triangulando la distribución para que no hubiera rastros que pudieran demostrar qué participación tenían ellos en el negocio.

    También quería hablar con él sobre un tema que le preocupaba. No le hacía ninguna gracia que una mujer estuviera al mando de una de las facciones más importantes de la Hermandad. No soportaba la idea de tener que verla decidiendo y tomando acción sobre asuntos que él consideraba impropios y creía que su participación en la organización los pondría a todos en peligro. Había que considerar la forma de eliminarla y nombrar a otra persona, varón por supuesto, como nuevo jefe de esa facción. Natasha Rotzkin, la viuda de Germán La Villa, le resultaba una mujer con demasiados secretos y, por alguna extraña razón, la quería fuera de  cualquier maniobra. Pero aún no podía dar la orden de matarla, debía tener la autorización del Santo Padre, de lo contrario sería él quien perdería la vida.

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