domingo, 28 de julio de 2019

Capítulo 34


     Wong estaba en su despacho, en el mismo lugar en donde creyó que le iban a dictar su sentencia final. Tenía un vaso de whisky y hacía sonar los hielos contra el vidrio. En sus rodillas tenía un enorme gato de Angora blanco, al que acariciaba mecánicamente. Estaba en penumbras y meditaba.

     Había convencido al enviado de la Hermandad de su predisposición para aceptar las operaciones clandestinas en la triangulación de la venta de armas, Monseñor Borrelli se había llevado la mejor impresión del heredero de uno de los grupos chinos más grandes y poderosos y se frotaba las manos pensando en las ganancias que obtendrían juntos. Pero Wong tenía una sola  pregunta en mente. ¿Cómo desmoronar al más grande imperio conocido? ¿Cómo derrotarlos y hacerlos caer estruendosamente, para quedarse él como único dueño de los negocios criminales en el mundo?

     Sabía que desesperarse por llegar al poder podría jugarle en contra y debía ser muy cauteloso. No en vano esta asociación se había mantenido en pie durante dos mil años y utilizando la fe como pantalla. Eran bien vistos por gran parte de la sociedad, millones de personas acudían a San Pedro para ver a su líder aunque sea una vez en la vida y aclamaban a cada anciano elegido como si fuera el salvador del mundo.

     Debía analizar sabiamente cada movimiento, porque podía perder la vida en cualquier intento fallido. Estaba al tanto que a quienes se les había subido el poder a la cabeza les había ido mal, habían perdido la vida o terminaban encerrados en la cárcel, con algunos privilegios, sin dudas, sobre todo para que no hablasen de quienes manejaban realmente el negocio, pero… ¿quién creería que el Papa y toda la cúpula superior del Vaticano manejaban los hilos más finos de la venta de drogas, de armas y de la prostitución esclava en todo el mundo?  

     Bebió un poco el whisky con el que había estado jugando, mientras pensaba en cuáles podrían ser los puntos débiles de estos hombres que se consideraban casi dioses, intocables y totalmente impunes a cualquier delito que cometieran. No en vano leía casi a diario sobre denuncias de abusos en distintos colegios alrededor del mundo y todos los acusados mantenían su jerarquía y rango dentro de la iglesia.  Debería actuar con mucha inteligencia y sagacidad  para encontrar la punta del ovillo que lo llevara a su objetivo: destruir esa cúpula inexpugnable y tomar su  poder

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Capítulo 48

   Los medios del mundo entero no daban abasto con la   noticia. Todas las redacciones querían ser las primeras en tener la mayor canti...