miércoles, 24 de julio de 2019

Capítulo 4


-¿Casarnos?

    Feliciano miraba a Corina como si esta hubiera enloquecido.

-¡Sí! Mamá va a firmar el permiso, ya hablé con ella.

    El muchacho se rascó la cabeza. No era que no le gustaba Corina, era preciosa, alegre, pero había algo en el fondo de sus ojos que lo asustaba. Y él jamás le había hablado de matrimonio.

-Cori, me parece que vos no entendiste bien, tu mamá no pudo haber dado un permiso para algo que yo nunca le pedí.

    El rostro de la joven se transfiguró.

-¿Vos no querés casarte conmigo?

    Feliciano respiró profundo. En realidad no quería casarse con nadie.

-Corina, somos jóvenes, aún tenemos que conocernos, no tenemos donde vivir…

-En casa, esa casa es mía, por derecho.

    Él sentía que las manos le transpiraban, caminaba de un lado a otro por el pequeño cuarto en donde vivía. Quería buscar un argumento lo suficientemente razonable para convencer a Corina de postergar esa decisión. Si fuera por él, eternamente.

-Corinita, mejor esperamos un tiempo, no te falta tanto para cumplir la mayoría y así no necesitamos el permiso de nadie. No vas a necesitar ni un juez, ni a tu mamá.

-Vos no te casás conmigo y yo me mato.

    La mirada de Corina le dio miedo. No sabía qué hacer. Intentó calmarla.

-Somos jóvenes, Cori, tenemos mucho tiempo para pensar en esto.

    Corina se levantó de la silla en la que estaba sentada. Tomó un cuchillo que había sobre una mesa y se lo puso sobre una de sus muñecas.

-Nos casamos o me mato acá mismo.

    Feliciano se sintió acorralado, se dio cuenta de que no le quedaba otra opción. Estaba entre la espada y la pared.

-Está bien, Corina, quedate tranquila, soltá ese cuchillo.

-¡Nos casamos o me mato!

     Corina se acercó a Feliciano y tomó una de sus manos y puso en ella el cuchillo.

-Es más, vos vas a quedar como el culpable de mi muerte.

-Está bien, Corina, quedate tranquila, nos vamos a casar, ahora soltá el cuchillo y sentate, por favor.

    Lo asustó la mirada de esa chica que parecía haber enloquecido de repente.

-Nos vamos a casar, cuando vos quieras, decidí la fecha, pero por favor, soltá ese cuchillo.

     Corina retrocedió unos pasos con una sonrisa. Soltó el cuchillo, que cayó al suelo y volvió a ser la chica alegre y dulce de siempre. Sin embargo, en el fondo de su voz, había un dejo de la locura reciente. Lo abrazó, apoyando la cabeza en el pecho de ese hombre por el cual sentía algo que la llevaba a un extremo peligroso para sí misma.

-¿En serio querés casarte conmigo? ¡No sabés lo feliz que me hacés!

    Feliciano la rodeo con sus brazos y le palmeo suavemente la espalda.

-Sí, Cori, sí.

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