domingo, 28 de julio de 2019

Capítulo 40


    Wong no tardó en averiguar que esa mujer de negro era la actual jefa del brazo italiano de la Hermandad y reemplazaba a su esposo muerto. Esa era la única manera de comprender que la orden aceptara a una mujer entre sus jefes y aún no terminaba de imaginar lo mal que les caía ese hecho a los mandos más altos.

    Debía investigar quién era y en qué forma neutralizarla, o, en el mejor de los casos, intentar hacerle ver las posibilidades de asociarse con él y lograr que le delegara el manejo de su territorio. De alguna forma u otra, Wong tenía que conseguir dominar la mayor parte de los territorios posibles para estar muy cerca de los cabecillas de la organización y descubrir la manera de quitarles todo el poder que tenían.

    No era necio, sabía que su plan era arriesgado y sus oponentes muy poderosos. Por eso era absolutamente necesario ser el miembro que más negocios obtuviera, la mayor cantidad de contactos directos y recabar todas las pruebas posibles para desbaratar a la Hermandad y crear una nueva organización bajo su mando, que manejara todo el crimen organizado en el mundo.

     Sabía que Juang y  Kan estarían en contra de sus ideas. Sabía que ellos hubieran preferido su pequeña dosis de poder y vivir con tranquilidad en sus territorios, sin atreverse a ir más allá. Ellos se conformaban con ser líderes de su aldea, de ese sector en el que eran amos y señores, pero que tenía sus límites. Wong quería más. Quizás porque pensaba que la vida se lo debía, quizás porque creía que desbaratar el origen de todo el daño que sufrieron era el mejor homenaje que podría hacerles.

     Uno de sus hombres entró en su despacho. El gato que siempre dormía sobre sus rodillas saltó y caminó hacia un extremo de la habitación, mientras el guardaespaldas se quedaba tieso esperando la orden de Wong para hablar. Le hizo una señal con la mano para que tome asiento y comenzara a decir lo que sabía.

-La mujer vive en la mansión de los La Villa. Desde que tomó el mando, la actividad de la sección desmejoró mucho, sobre todo lo que se refiere a los prostíbulos, los ha ido cerrando discretamente, no se sabe qué sucedió con las mujeres que tenían en ellos, el flujo de dinero se mantiene por el tráfico de drogas y otros negocios que ellos tenían.  La organización está muy desconforme con esa mujer, ven que está manejando mal el negocio y quieren sacarla, pero no saben cómo. La sometieron a una prueba, debe ofrecer a una mujer de su familia como ofrenda para un rito de la Hermandad. Habrá que ver cómo responde.

-¿Qué más?

-Nadie la conoce. No se sabe de dónde viene, dicen que es rusa, pero no tiene el aspecto y es imposible averiguar su lugar de nacimiento real. Apareció de repente en la vida de Germán, no he logrado averiguar si tiene familia y hace pocos días regresó de Argentina.

    Wong frunció el entrecejo. El nombre de ese país hizo un click en su memoria. Pasó su mano por la mejilla como quitándose algo que le molestaba, recordó un escupitajo que una mujer raptada le tiró enfrente de todos sus hombres.

-¿No teníamos una chica argentina en el prostíbulo de China?

-Sí, las que raptamos durante el asalto de Chin-Fu-Lang. Luego la compró Boris Rajenvko y se la llevó. Era bastante conflictiva.

-Y muy bella…-reflexionó Wong- Ella es rusa, Rajenvko es ruso. Averigua qué ocurrió con la chica que compró Boris, si sigue con él.

    El hombre se levantó del sillón y salió rápidamente. Wong también se levantó, caminó hasta un enorme ventanal y el gato se le acercó para que lo levante. Lo tomó con sus manos y se lo apoyó en el pecho, mientras lo acariciaba y murmuraba:

-Argentina, Rusia, ¿mucha casualidad, no Niken?

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