Wong no
tardó en averiguar que esa mujer de negro era la actual jefa del brazo italiano
de la Hermandad y reemplazaba a su esposo muerto. Esa era la única manera de
comprender que la orden aceptara a una mujer entre sus jefes y aún no terminaba
de imaginar lo mal que les caía ese hecho a los mandos más altos.
Debía
investigar quién era y en qué forma neutralizarla, o, en el mejor de los casos,
intentar hacerle ver las posibilidades de asociarse con él y lograr que le
delegara el manejo de su territorio. De alguna forma u otra, Wong tenía que
conseguir dominar la mayor parte de los territorios posibles para estar muy
cerca de los cabecillas de la organización y descubrir la manera de quitarles
todo el poder que tenían.
No era
necio, sabía que su plan era arriesgado y sus oponentes muy poderosos. Por eso
era absolutamente necesario ser el miembro que más negocios obtuviera, la mayor
cantidad de contactos directos y recabar todas las pruebas posibles para
desbaratar a la Hermandad y crear una nueva organización bajo su mando, que
manejara todo el crimen organizado en el mundo.
Sabía que Juang y Kan estarían en contra de sus ideas. Sabía
que ellos hubieran preferido su pequeña dosis de poder y vivir con tranquilidad
en sus territorios, sin atreverse a ir más allá. Ellos se conformaban con ser
líderes de su aldea, de ese sector en el que eran amos y señores, pero que
tenía sus límites. Wong quería más. Quizás porque pensaba que la vida se lo
debía, quizás porque creía que desbaratar el origen de todo el daño que
sufrieron era el mejor homenaje que podría hacerles.
Uno de
sus hombres entró en su despacho. El gato que siempre dormía sobre sus rodillas
saltó y caminó hacia un extremo de la habitación, mientras el guardaespaldas se
quedaba tieso esperando la orden de Wong para hablar. Le hizo una señal con la
mano para que tome asiento y comenzara a decir lo que sabía.
-La mujer vive en la mansión de los La Villa. Desde
que tomó el mando, la actividad de la sección desmejoró mucho, sobre todo lo
que se refiere a los prostíbulos, los ha ido cerrando discretamente, no se sabe
qué sucedió con las mujeres que tenían en ellos, el flujo de dinero se mantiene
por el tráfico de drogas y otros negocios que ellos tenían. La organización está muy desconforme con esa
mujer, ven que está manejando mal el negocio y quieren sacarla, pero no saben
cómo. La sometieron a una prueba, debe ofrecer a una mujer de su familia como
ofrenda para un rito de la Hermandad. Habrá que ver cómo responde.
-¿Qué más?
-Nadie la conoce. No se sabe de dónde viene, dicen
que es rusa, pero no tiene el aspecto y es imposible averiguar su lugar de
nacimiento real. Apareció de repente en la vida de Germán, no he logrado
averiguar si tiene familia y hace pocos días regresó de Argentina.
Wong
frunció el entrecejo. El nombre de ese país hizo un click en su memoria. Pasó
su mano por la mejilla como quitándose algo que le molestaba, recordó un
escupitajo que una mujer raptada le tiró enfrente de todos sus hombres.
-¿No teníamos una chica argentina en el prostíbulo
de China?
-Sí, las que raptamos durante el asalto de
Chin-Fu-Lang. Luego la compró Boris Rajenvko y se la llevó. Era bastante
conflictiva.
-Y muy bella…-reflexionó Wong- Ella es rusa,
Rajenvko es ruso. Averigua qué ocurrió con la chica que compró Boris, si sigue
con él.
El hombre
se levantó del sillón y salió rápidamente. Wong también se levantó, caminó
hasta un enorme ventanal y el gato se le acercó para que lo levante. Lo tomó
con sus manos y se lo apoyó en el pecho, mientras lo acariciaba y murmuraba:
-Argentina, Rusia, ¿mucha casualidad, no Niken?
No hay comentarios:
Publicar un comentario