miércoles, 24 de julio de 2019

Capítulo 8


     El coche negro se deslizaba por las calles de Roma a poca velocidad. Tras los vidrios negros, Natasha observaba todo. Los edificios, la gente, los puestos de venta callejera. Recordó la primera vez que había llegado a esa ciudad, con tantos sueños que luego se convirtieron en una pesadilla. El engaño de Roberto, las dificultades que tuvo que pasar cuando fue vendida como prostituta. Los años de abusos, de enfrentar a personas que la maltrataron, intentar sobrevivir en esa jungla de criminales, esperando poder salir alguna vez de esa vida. La llegada de Germán, su salvador, convertirse en Natasha y lograr vengarse de su tío.

     Ahora ella era parte de la organización mafiosa que tanto daño le había hecho. Ninguno sospechaba que aquélla jovencita crédula, abusada en un ritual inmundo, era quien ocupaba el cargo más alto dentro de la estructura criminal. Había tenido que regresar a aquella mansión nefasta, en donde todo había ocurrido, soportando reconocer voces que se le habían grabado en la memoria y sonreír cuando lo que hubiera deseado era arrojarse encima de ellos y matarlos con sus propias manos.

     Pero había aprendido el arte de la paciencia. Había descubierto que, poco a poco, sus verdugos caían ante ella. Roberto fue el primero. La sensación de poder que tuvo al verlo morir fue subyugante, fue como un vampiro cuando bebe sangre por primera vez. Desde ese día tuvo una sed que no era fácil de apagar. Quería ver muertos a todos los que la hicieron sufrir, a los que la humillaron. Y no se detendría hasta lograrlo.

    Nadie sabía quién era ella. Su nombre había sido borrado, una tumba tenía una lápida en el cementerio italiano en donde decía que Florencia La Villa había sido enterrada para siempre. Natasha Rotskin había ocupado su lugar. Tras obtener los papeles que acreditaran su nueva identidad y luego de provocar la muerte de Roberto, había comenzado realmente una nueva vida. Germán había puesto el mundo a sus pies y dispuso todo lo necesario para que ella sea feliz. Pero la única forma de lograrlo era pasándole la factura a cada una de las personas que le habían causado tanto daño.

     La muerte de German la puso al frente de la hermandad. Jamás había pensado en esa posibilidad y ahora tenía todos los medios y recursos para saber exactamente quienes eran y donde estaban todos sus abusadores y los dueños de los prostíbulos en donde fue explotada. Y a cada uno sabía en donde pegarle para que le doliera más.

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