miércoles, 24 de julio de 2019

Capítulo 9


-Todo lo que tiene, también es gracias a vos, hijo.

    Corina le había insistido a Osvaldo que acudiera a ver a su tío para solicitarle ayuda. Le había llegado una orden de pago en 30 días o debería desalojar la casa que había comprado con tanto esfuerzo. El propietario anterior la había usado como garantía ante una entidad crediticia y no había pagado su deuda. Y ahora, que Osvaldo había finalizado de pagarla y quería escriturarla, le llegaba esta notificación.

-No te entiendo, mamá, ¿por qué decís eso?

-Porque vos y tu padre trabajaron con él en las obras, cuando Roberto no tenía nada, y si no fuera por ustedes, él seguiría siendo un pobre albañil, un obrero. Vos lo ayudaste, sin saberlo, a que él pudiera trabajar más, ganar más plata y levantar la fábrica.

     Para Osvaldo no era tan así como su madre lo planteaba. Cada uno había trabajado, cada uno había ganado su dinero. Osvaldo había tenido que formar una familia y sus sueños de juntar dinero para tener su propio negocio se había derrumbado. Y su padre…se lo malgastó en juergas, nunca comprendió por qué a Feliciano el dinero le quemaba en las manos. Admiraba a su tío, que había sabido hacer las cosas.

-Llamalo, hijo, andá a verlo. Él te tiene que ayudar. Él puede darte el dinero que necesitás para salvar tu casa.

     Pasó unas horas pensando en las palabras de su madre. Le daban vueltas en la mente, le llamaba la atención la insistencia con la que le pedía que acudiera a su tío para resolver la cuestión de la casa. Su orgullo se anteponía a recibir cualquier clase de ayuda. Quería demostrar que él podía hacerlo solo. Pero se daba cuenta de que lo único que lograría era perder lo poco que había logrado construir y dejar a su familia en la calle.

     Marcó cada número del teléfono de su tío como si le costara recordarlo. Cuanto más lento lo hiciera, más demoraba la sensación de humillación que sentiría al tener que pedirle el dinero. Sabía que Roberto lo apreciaba, que mientras trabajaron juntos realizando reparaciones y pequeñas obras, habían sabido crear un vínculo que jamás había logrado tener con su propio padre. Pero eso era una cosa y tener que rebajarse a pedirle semejante cantidad de dinero, sin saber cuándo ni cómo se lo devolvería, era otra cuestión.

     Roberto le propuso que fuera a su oficina a hablar bien del tema. Osvaldo se sentía intimidado en ese lugar, con las paredes cubiertas de maderas lustradas, cuadros con fotografías de barcos navegando en la entrada del puerto, una alfombra que cubría la totalidad del piso y unos sillones tan mullidos que no daban ganas de levantarse.

-Ponete cómodo y contame qué te pasa.

     Osvaldo trató de explicarle lo mejor posible su problema, sin usar muchas palabras. Roberto lo escuchaba, fingiendo no saber nada, muy atentamente. Abrió un cajón, preguntó cuánto era lo que debía pagar y firmó el cheque.


-Me lo pagas cuando puedas-,fue la frase que le dijo mientras le entregaba el papel milagroso con el que Osvaldo podría pagar esa deuda que no era suya, pero con la cual podría conservar su hogar.

-Mil gracias, tío, no sé cómo voy a hacer para devolverte esto, pero te juro que…

-Shhh. Vos agarrá ese cheque, pagá esa deuda y ya veremos. Tu negocio recién comienza y no voy a pretender que pierdas todo para pagarme un dinero que yo ahora no necesito. La vida fue buena conmigo y esta es una forma de retribuir la ayuda que yo recibí en su momento. Vos organizate, atendé a tu familia, hacé que tu local prospere y algún día te voy a decir que necesito algo de vos y ahí te pediré que me devuelvas el favor.

-Contá conmigo para lo que sea, tío, nunca voy a olvidar lo que estás haciendo por mí y por mi familia.

     Osvaldo abrazó efusivamente a Roberto. No era muy demostrativo y el hombre se sintió ligeramente emocionado, más al recordar la posibilidad de que ese muchacho pudiera ser su hijo. Quizás si lo fuera. Le recordaba mucho a sí mismo cuando era joven y tenía tantas ambiciones por delante.

-Andá, andá que cuanto más viejo, más sentimental me pongo y no es de hombres moquear, che.

     Osvaldo se fue, guardando ese cheque como si fuera el tesoro más grande del mundo. Su vida, su casa estaban a salvo. Lo que no sabía era que Roberto tenía pensada la forma en que su sobrino le devolvería el favor que le estaba haciendo.

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