-Todo lo que tiene, también es gracias a vos, hijo.
Corina le
había insistido a Osvaldo que acudiera a ver a su tío para solicitarle ayuda.
Le había llegado una orden de pago en 30 días o debería desalojar la casa que
había comprado con tanto esfuerzo. El propietario anterior la había usado como
garantía ante una entidad crediticia y no había pagado su deuda. Y ahora, que
Osvaldo había finalizado de pagarla y quería escriturarla, le llegaba esta
notificación.
-No te entiendo, mamá, ¿por qué decís eso?
-Porque vos y tu padre trabajaron con él en las
obras, cuando Roberto no tenía nada, y si no fuera por ustedes, él seguiría
siendo un pobre albañil, un obrero. Vos lo ayudaste, sin saberlo, a que él
pudiera trabajar más, ganar más plata y levantar la fábrica.
Para
Osvaldo no era tan así como su madre lo planteaba. Cada uno había trabajado,
cada uno había ganado su dinero. Osvaldo había tenido que formar una familia y
sus sueños de juntar dinero para tener su propio negocio se había derrumbado. Y
su padre…se lo malgastó en juergas, nunca comprendió por qué a Feliciano el
dinero le quemaba en las manos. Admiraba a su tío, que había sabido hacer las
cosas.
-Llamalo, hijo, andá a verlo. Él te tiene que
ayudar. Él puede darte el dinero que necesitás para salvar tu casa.
Pasó unas
horas pensando en las palabras de su madre. Le daban vueltas en la mente, le
llamaba la atención la insistencia con la que le pedía que acudiera a su tío
para resolver la cuestión de la casa. Su orgullo se anteponía a recibir
cualquier clase de ayuda. Quería demostrar que él podía hacerlo solo. Pero se
daba cuenta de que lo único que lograría era perder lo poco que había logrado
construir y dejar a su familia en la calle.
Marcó
cada número del teléfono de su tío como si le costara recordarlo. Cuanto más
lento lo hiciera, más demoraba la sensación de humillación que sentiría al
tener que pedirle el dinero. Sabía que Roberto lo apreciaba, que mientras
trabajaron juntos realizando reparaciones y pequeñas obras, habían sabido crear
un vínculo que jamás había logrado tener con su propio padre. Pero eso era una
cosa y tener que rebajarse a pedirle semejante cantidad de dinero, sin saber
cuándo ni cómo se lo devolvería, era otra cuestión.
Roberto le propuso que fuera a su oficina a
hablar bien del tema. Osvaldo se sentía intimidado en ese lugar, con las
paredes cubiertas de maderas lustradas, cuadros con fotografías de barcos
navegando en la entrada del puerto, una alfombra que cubría la totalidad del
piso y unos sillones tan mullidos que no daban ganas de levantarse.
-Ponete cómodo y contame qué te pasa.
Osvaldo
trató de explicarle lo mejor posible su problema, sin usar muchas palabras. Roberto
lo escuchaba, fingiendo no saber nada, muy atentamente. Abrió un cajón,
preguntó cuánto era lo que debía pagar y firmó el cheque.
-Me lo pagas cuando puedas-,fue la frase que le dijo
mientras le entregaba el papel milagroso con el que Osvaldo podría pagar esa
deuda que no era suya, pero con la cual podría conservar su hogar.
-Mil gracias, tío, no sé cómo voy a hacer para devolverte
esto, pero te juro que…
-Shhh. Vos agarrá ese cheque, pagá esa deuda y ya
veremos. Tu negocio recién comienza y no voy a pretender que pierdas todo para
pagarme un dinero que yo ahora no necesito. La vida fue buena conmigo y esta es
una forma de retribuir la ayuda que yo recibí en su momento. Vos organizate,
atendé a tu familia, hacé que tu local prospere y algún día te voy a decir que
necesito algo de vos y ahí te pediré que me devuelvas el favor.
-Contá conmigo para lo que sea, tío, nunca voy a
olvidar lo que estás haciendo por mí y por mi familia.
Osvaldo
abrazó efusivamente a Roberto. No era muy demostrativo y el hombre se sintió
ligeramente emocionado, más al recordar la posibilidad de que ese muchacho
pudiera ser su hijo. Quizás si lo fuera. Le recordaba mucho a sí mismo cuando
era joven y tenía tantas ambiciones por delante.
-Andá, andá que cuanto más viejo, más sentimental me
pongo y no es de hombres moquear, che.
Osvaldo
se fue, guardando ese cheque como si fuera el tesoro más grande del mundo. Su
vida, su casa estaban a salvo. Lo que no sabía era que Roberto tenía pensada la
forma en que su sobrino le devolvería el favor que le estaba haciendo.
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